Relato: "¿Qué puedo hacer" | Cine de Escritor

20 abril 2015

Relato: "¿Qué puedo hacer"

Relato Qué puedo hacer, de Alba Benesiu Pueyo


Risk, risk.

Siento como si tuviera un millón de mariposas revoloteando dentro de mí, aunque la realidad es que alguien me está dando golpecitos. Abro lo ojos y me desperezo mientras noto cómo la energía recorre mis venas. Es una sensación cálida y agradable, y me siento bien... hasta que descubro que estoy en un sitio muy alto desde el cual el suelo parece estar a kilómetros de distancia. Tengo vértigo. Pero descubro que no estoy sola; a mi lado hay un hombre. Me mira con gran satisfacción antes de bajar por la escalera que ha usado para alcanzarme. Su sola mirada, no sé por qué, me hace sentir muy querida.

A pesar de eso tengo miedo. No sé que es lo que hago aquí, ni qué se supone que debo hacer. Mientras cien dudas pasan por mi cabeza, oigo risas debajo de mí. Y aunque todavía tengo vértigo, la curiosidad puede conmigo. Lentamente, mis ojos van perdiendo altura. Lo que veo me deja maravillada.

Allí abajo hay un mundo muy distinto al mío. Ese mundo es un salón enorme en el centro del cual hay una mesa llena de comida deliciosa. El hombre que he visto antes no está solo; hay mucha gente con él que se abraza, saluda y ríe. La mayoría tiene la cara congestionada por el frío, pero después de calentar sus manos junto al fuego que arde en la chimenea del hogar, se anima tanto como los demás.

Después de saludarse y colocar sus abrigos en un perchero, todos se sientan y comienzan a comer. Parecen felices, como si hubiera pasado mucho tiempo desde la última vez que se vieron, aunque siempre hay alguno que dirige una triste mirada fugaz a un asiento ocupado por nadie. El fuego se retuerce mientras tanto en la chimenea, al son de las risas.

Creo que ya sé lo que hago aquí. Creo que debo seguir iluminando ese mundo para que la alegría nunca se acabe. Y saber que puedo hacerlo me llena de felicidad.

Cuando ellos terminan de comer, una música empieza a sonar. La escucho atentamente. No sabría describirla: es dulce, sus ritmos lentos y rápidos contagian a los invitados. Enseguida se levantan y comienzan a bailar, unos más torpes que otros, y parece que sus pies no tocan el suelo mientras sus cuerpos giran y giran. Siguen riendo y yo río con ellos.

Pero de pronto, al mismo tiempo que la música se detiene, el reloj toca un montón de campanadas. Entonces ellos, como si de un hechizo despertasen, se apresuran en recoger la mesa. En el salón se forma un pandemónium de gente que entra y sale de la cocina. Cuando al fin la mesa queda vacía y el fuego reducido a cenizas, los invitados se ponen sus abrigos y el hombre que me ha despertado coge las maletas que hay junto al perchero. Todos parecen tristes mientras salen con él a la calle y la puerta se cierra con un chirrido.

Me he quedado sola y siento pánico porque, con las prisas, han olvidado que yo debo dormir cuando ellos no están. Al principio pienso que volverán enseguida, mas cuando pasan minutos, horas, quizá más, me doy cuenta que a lo mejor no vuelven nunca. Noto cómo la energía va escapando de mis venas y tengo un dolor de cabeza insoportable. Siento que voy a estallar y sé que, pase lo que pase ahora, ya no volveré a despertar.

Me entristece pensar que aquellas personas me han olvidado, y que por eso no podré seguir viviendo. ¿Acaso no les importo? ¿Acaso no valgo nada? Definitivamente, no.

En este momento siento que una bomba explota dentro de mi cabeza y todo se oscurece a mi alrededor. Luego, la tristeza se convierte en una oscuridad mucho más pesada y profunda. Y pienso que ojalá, ojalá... yo fuese alguien importante para ellos.

Pero, ¿qué puedo hacer? Al fin y al cabo, soy sólo una bombilla.

***


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~Este relato se publicó originalmente en la recopilación de relatos "Relatos Urbanos. Reflejos de asfalto" (2007); lo presenté de forma manuscrita, de modo que, al no entender mi letra, la editorial modificó algunas palabras. La versión publicada en el blog Cine de Escritor es la correcta. Todos los derechos pertenecen a la autora, Alba Benesiu Pueyo~

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